FOCES DE LUMBIER Y ARBAYUN – MONASTERIO DE LEYRE – CASTILLO DE JAVIER

 

Lumbier tiene el privilegio de contar, desde 1987, con tres reservas naturales. La Foz de Arbayún, la Foz de Lumbier y los Acantilados de la Piedra y San Adrián entran dentro de los espacios con gran valor ecológico que se declaran reservas naturales para conseguir la preservación y mejora de determinadas formaciones o fenómenos geológicos, especies, biotopos, comunidades o ecosistemas permitiéndose la evolución de éstos según su propia dinámica. Las dos foces están incluidas dentro de la Zona de Especial Protección para las Aves.

Foz de Lumbier

Es una profunda y estrecha garganta que ha labrado la erosión del río Irati con el paso de los años. Tiene una longitud de algo más de un kilómetro y un desnivel máximo de 120 m. La recorre en toda su longitud una pista, resto del desmantelado ferrocarril "El Irati". Se puede recorrer esta pista y también realizar un paseo por un sendero local (S.L.N.A.-113) de unos 5,5 Km.
Hay un espacio preparado para la acogida de visitantes que cuenta con aparcamiento vigilado y un área recreativa.
Es un sitio ideal para disfrutar de un paisaje impresionante, para ver una variada vegetación y, sobre todo, para ver el espectáculo que ofrecen las numerosas especies de aves en general, y la colonia de buitres en particular. Se pueden encontrar buitres, alimoches, vencejos reales, grajillas, roqueros solitarios, aviones roqueros y palomas bravías.

Foz de Arbayún

Es un profundo y espectacular cañón tallado y atravesado por el río Salazar en las estribaciones de la Sierra de Leire. Tiene más de 6 Km de longitud, una profundidad máxima de 385 m y ocupa una superficie de 1164 Ha sobre terrenos comunales de Lumbier y Romanzado. La singularidad y belleza de este estrecho y profundo valle, de paredes rocosas y verticales, queda de  manifiesto en la vegetación exuberante y en la gran variedad y riqueza florística y faunística que se puede encontrar.

Aquí se encuentra la colonia más importante de buitre común de todo el Pirineo, asentada en las grietas y cornisas de los acantilados. También anidan otras muchas especies de aves. Para abastecer de agua a la población de Lumbier desde la fuente de Arbayún, en 1928 se tuvo que abrir un camino de 300 m. en la misma pared vertical de la Foz para encajar la "Canaleta" de la conducción de agua y transportarla a una distancia de 11 Km.

Acantilados de la Piedra y San Adrián. Esta reserva natural está situada al Sureste de Lumbier, en las estribaciones de la Sierra de Leire, también denominada Sierra de Lumbier. Concretamente los acantilados tienen una superficie de 392 Ha y son terreno comunal de la villa.

Los acantilados forman dos alineaciones: Peñas de San Adrían, orientadas hacia el norte, y la Piedra, orientadas hacia el sur, formando paredes verticales de más de 50 m de desnivel. En la Piedra se pueden encontrar varios arcos naturales, frutos de la erosión.
Para disfrutar de estas espectaculares vistas se puede recorrer el sendero que lleva hasta la ermita de la Trinidad.


Monasterio de Leyre

El Monasterio de San Salvador de Leyre, o simplemente Monasterio de Leyre (en euskera Leire), es uno de los conjuntos monásticos más importantes de España por su relevancia histórica y arquitectónica. Entre los diferentes edificios que componen el conjunto existen ejemplares del románico muy destacados por pertenecer a un periodo muy temprano del mismo y por su excelente estado de conservación. El monasterio se ubica en el nordeste de la Comunidad Foral de Navarra, cerca del límite con Aragón.

Existen noticias documentadas sobre Leyre ya en el siglo IX. El monasterio tuvo una gran relevancia en la historia de reino de Pamplona-Nájera y posteriormente en el de Navarra, así como en la Reconquista. En él está ubicado el panteón en el que yacen los primeros monarcas del reino de Pamplona.

Leyre fue fundado como un monasterio benedictino, aunque posteriormente pasó a estar en manos de monjes cistercienses. En la actualidad, el conjunto monástico pertenece a la Comunidad Foral de Navarra, que lo ha cedido a sus primitivos moradores, la orden benedictina, para su cuidado y funcionamiento.

Descripción del conjunto monástico

Dos son los elementos más relevantes del monasterio: por una parte, su privilegiada situación; por otra, las construcciones que lo componen, al ser algunas de ellas los ejemplares de románico más antiguos de Navarra. Así, en su iglesia, en particular en la cabecera y en la cripta, se aprecia un románico primitivo. El estado de conservación de estos edificios es muy bueno, aunque el mobiliario se ha perdido en el transcurso del tiempo.

En Leyre destaca la calidad de la piedra proveniente de canteras propias que se hallaban en las cercanías del monasterio, en plena Sierra. La piedra es de color dorado con un veteado carminoso debido a la presencia de hierro con incrustaciones de cuarzo.

Iglesia

La iglesia de San Salvador de Leyre constituye el elemento arquitectónico principal del monasterio. Mantiene partes de la construcción románica del siglo XI al siglo XII, como la cripta, los ábsides, la torre, la nave principal y el pórtico, conocido como Porta Speciosa, sobre las que se superponen elementos posteriores, como la bóveda gótica, el panteón de los reyes de Pamplona y una pequeña capilla, también gótica, que data de los siglos XIV y XV. Entre la imaginería destacan la imagen de Santa María de Leyre, una talla de un Cristo muerto en la cruz del siglo XIV y el retablo de Santa Nunilo y Santa Alodia, del siglo XVII.

Cabecera

Está construida sobre la cripta y fue consagrada, como aquella, en 1057. Se trata de la construcción románica más antigua de Navarra que se conserve en la actualidad, y una de las primeras de España. Sus tres ábsides de planta semicircular y altas naves cubiertas con bóvedas de cañón dan cobijo al altar, al coro con sillería plateresca y a la imagen de la Virgen del Leyre, obra de José López Furió.

De las tres naves, la central es más ancha que las laterales. El conjunto no guarda simetría al ser aquellas desiguales, siendo la izquierda más estrecha que la derecha. Por otra parte, sus arcos están sensiblemente rebajados tendiendo a la herradura. Los pilares tienen planta en cruz con columnas adosadas, sin basamento, y no son paralelos, sino que convergen en el sentado del ábside central. Los capiteles están decorados de forma muy austera, a base de bulbos, volutas y estrías. Los cimacios se decoran con motivos geométricos con rayas, círculos o puntillados. Sobre el ábside central, descentrado, se abre una pequeña ventana circular.

Nave

La nave central es románica y es el resultado de la gran ampliación que se realizó en el siglo XII, en el transcurso de la cual también se construyó la portada. Se proyectó más elevada que la cabecera y se cubrió con un tejado de madera a dos aguas. Las obras se consagraron en 1098. En el siglo XVI se efectuó otra reforma, en la cual se cubrió la nave con una bóveda gótica. Esta bóveda cubre en un solo arco la anchura de la nave, 14 m, y esta estructurada en cuatro tramos. Está decorada mediante medallones heráldicos situados en las claves.

La construcción de la bóveda conllevó el reforzamiento de los muros exteriores mediante contrafuertes y un arbotante.

En su muro norte, en un hueco cerrado por una verja de hierro del siglo XIV, se ubica el mausoleo de los reyes del reino de Pamplona. Los restos agrupados de más de quince miembros de la primera dinastía navarra se han recogido en un arcón de madera de roble con herrajes neogóticos. A su lado, un Cristo muerto en la cruz del siglo XVII. En el muro sur se abren dos ventanales con columnas adosadas y capiteles decorados. Por este mismo muro se accede a la capilla, con bóveda gótica del siglo XV, en que se halla un retablo renacentista del siglo XVII dedicado a las santas Alodia y Nunilo. El acceso a esta capilla se realiza a través de una portada románica del siglo XII en la que destaca, en su tímpano, un crestón jacobeo.

Panteón de los reyes de Pamplona

En el lado septentrional de la nave, frente a la capilla de las santas Nunilo y Alodia, se encuentra el arcosolio que guarda el panteón de los primeros reyes del reino de Pamplona, precursor del reino de Navarra, cuyos restos se custodian en un arca neogótica de madera, decorada con adornos metálicos.

El panteón está protegido por una reja de hierro forjado de estilo gótico tardío y junto a él se venera el llamado "Cristo de Leyre" (siglo XVI), una talla de Cristo crucificado (1,80 por 1,60 m) de gran naturalidad. Esta talla apareció cubierta de cal en el túnel de la cripta, donde habría sido escondida probablemente tras la Desamortización.

En la urna se encuentran los restos de los reyes de Pamplona Íñigo Arista (852), García I Íñiguez (870) y Fortún Garcés "el Tuerto" (905).

Cripta

La cripta de Leyre no es una cripta al uso. No llega a ser subterránea ni hay evidencias de que se haya destinado nunca a ser un lugar de enterramiento. Destaca por sus dimensiones y altura, así como por sus grandes capiteles, que se alzan sobre pequeñas columnas.

Fue construida para nivelar el terreno donde se alzaría la iglesia y servir como cimiento a la misma. Es de forma cuadrada siguiendo la forma de la cabecera del templo, por lo que dispone de tres ábsides circulares y cuatro naves iguales cubiertas por bóvedas de cañón. Una de ellas es más reciente que el resto, al estar en ese lugar la escalera que comunicaba la iglesia con la cripta. Se construyó en piedra caliza con cuarzo y hierro, lo que le ha dado una resistencia que le ha permitido su buen estado de conservación.

La cripta fue concebida con tres naves. Sin embargo, la nave central se dividió finalmente en dos por la arcada axial central, resultando en las cuatro naves que ahora se pueden admirar. Esta modificación influyó en el diseño del ábside central.

Los grandes capiteles son los que mantienen el peso de la cabecera del templo. Son todos diferentes entre sí, tanto en tamaño como en motivo de decoración. Algunos llevan enormes cimacios y van formando un bosque de pilares de triple codillo y de perpiaños peraltadísimos que refuerzan naves abovedadas. La decoración es muy sencilla, basándose en temas animales y geométricos. La cripta, junto a la iglesia, fue consagrada en 1057.

La puerta de entrada a la cripta, la más antigua de todo el conjunto monástico, es de un románico naciente, muy sobrio y rudo. Está formada por tres arcos de medios puntos superpuestos y escalonados que apoyan directamente sobre las impostas, cuya única decoración es el bisel que le han dado a las arquivoltas.

Junto a la cripta está el túnel de San Virila que comunica con la cripta por medio de tres ventanas pequeñas y estrechas, que se abren en la pared oeste de la misma. Este túnel servía como salida del monasterio a los campos de los alrededores. En la actualidad está cegado y en su fondo hay una imagen, del siglo XVII, de San Virila, abad del monasterio durante el siglo X. Este personaje es el protagonista local de una leyenda, extendida por el camino de Santiago, en la cual Dios le hace comprender el misterio de la eternidad.

Porta Speciosa

La Porta Speciosa (puerta preciosa) es el pórtico que se construyó durante la primera ampliación de la iglesia original en el siglo XII. En ella hay constancia, por el tema de uno de los capiteles en el que aparecen dos aves con los cuellos entrelazados picándose las patas, de que trabajó el Maestro Esteban, autor de la puerta de las Platerías de la Catedral de Santiago de Compostela. En la construcción de este pórtico se reutilizaron elementos provenientes de otros lugares y trabajaron diferentes maestros de la época, lo que ha hecho muy complicado darle un significado al conjunto. La puerta está protegida por una visera y sobre ella hay un ventanal de transición y un matacán ya de la construcción gótica.

La Porta Speciosa está formada por tres parte diferenciadas:

Tímpano

El tímpano circular situado sobre las puertas contiene seis figuras. La central y más importante es el "Salvador", del que toma el nombre el monasterio. A su derecha se representan la Virgen María, San Pedro y otra figura. A la izquierda, San Juan y otras dos figuras que no han sido identificadas y de las que se cree que representan a otros evangelistas. Sostienen el tímpano sendas ménsulas en forma de toro y león. El conjunto se halla rodeado por una corona de palmetas.

 

Arquivoltas y columnas

Las cuatro arquivoltas que se ubican sobre el tímpano están decoradas por representaciones de seres reales y fantásticos con motivos vegetales y animales en una armonía típica del románico.

Las columnas, tres de cada lado, están coronadas por capiteles decorados con temática variada. De izquierda a derecha, los capiteles representan leones protegiendo a sus crías, personajes en cuclillas típicos de Jaca, aves con los cuellos entrelazados picándose las patas, o una cabeza aprisionada por tallos y hojas de acanto. La puerta está partida por un parteluz de mármol.

En los laterales hay figuras de santos apoyados sobre leones.

 

Friso

Por encima de las arquivoltas se encuentra el friso. En él se representan escenas y personajes bíblicos. De izquierda a derecha, en la línea más alta están representados San Miguel, Santiago, el Salvador, San Pedro, San Juan, escenas del martirio de las santas Nunilo y Alodia, un monstruo apocalíptico, el demonio atrapando un alma, la danza de la muerte y Jonás con la ballena. En la línea inferior se representan mediante figuras estilizadas a la Visitación, la Anunciación, un obispo o santo y un ángel trompetero, y a la izquierda otro obispo con báculo y evangelio, otro ángel trompetero y la cabeza de un hombre.

 

Ábside y torre

La torre tiene forma cuadrangular, casi cuadrada, con ventanas de triple arquillo en todos sus costados. Estos arquillos están sostenidos por columnas simples, sin capiteles ni decoración.

Los ábsides circulares tienen angostos ventanales y un alero que es una cornisa compuesta de bloques biselados sobre modillones decorados con motivos varios, cabezas humanas, animales, lazos, bolas, atributos... Las paredes están limpias sin decoración o elemento alguno. Este tipo de construcción fue común en ese tiempo, primera mitad del siglo IX, en Europa y luego, posteriormente, por la península.

El ábside y la torre junto a las fachadas de los monasterios nuevo y viejo forman un armonioso conjunto que caracteriza el lugar, siendo uno los rincones más típicos del monasterio.

Patio de la hospedería

A lado norte de la iglesia se halla el patio de la hospedería. En este lugar se alzaba el claustro románico del antiguo monasterio. Este claustro desapareció en el espacio de 118 años de abandono al que se vio sometido el conjunto monumental en los siglos XIX y XX; sólo se conserva un capitel hallado en unas excavaciones.

En este espacio destacan el gran arbotante gótico y la puerta de acceso a la iglesia. La puerta, situada en la pared norte de la cabecera, es románica. Un poco más trabajada que la de la cripta, está formada por tres arcos escalonados, dos de ellos descansan sobre capiteles y columnas.


CASTILLO DE JAVIER

 

El Castillo de Javier (Xabierko Gaztelua en euskera) está situado en una loma de la localidad de Javier, en Navarra, a 52 km al este de Pamplona capital y 7 km al este de Sangüesa. Data del siglo X. En este castillo nació y vivió San Francisco Javier, hijo de los Señores de Javier, y de aquí tomó su apellido.

Etimología

El nombre de Javier proviene del vascuence Etxeberri o casa nueva, que en su evolución se transformó en Javier. La grafía original es Xabier.

Construcción

Consta de tres cuerpos, sucesivamente escalonados en orden de antigüedad. Destacan la "Torre del Santo Cristo", bastión y capilla donde se encuentra un interesante crucifijo tardogótico y una serie de pinturas murales representando la danza de la muerte, única en España; la "Torre del Homenaje", llamada de San Miguel (lo más antiguo del castillo) y el museo dedicado a la vida del santo. En sus basamentos hay huellas y zócalos musulmanes que podrían ser del siglo X. En el XI se formó el primer recinto envolvente que cobijó las primeras habitaciones. En el siglo XIII se agregaron, por las cuatro orientaciones, dos cuerpos poligonales y dos torres flanqueantes.

Historia

El castillo y la villa de Javier fueron ganados por Sancho VII de Navarra en torno al año 1223. Un noble aragonés los había dado como garantía por un préstamo de 9.000 sueldos que le concedió el monarca navarro, pero al acabar el plazo y no poder hacer frente al pago, pasaron a la propiedad de Sancho. No era la primera vez, ni sería la última, pues Sancho VII fue uno de los grandes prestamistas de la Corona de Aragón, y gracias a los préstamos no devueltos, se adueñó de una serie de villas y castillos entregados como aval que le ayudaron a reforzar sus fronteras con Aragón: Escó, Peña, Petilla, Gallur, Trasmoz, Sádaba, etc.

En 1236 el castillo fue entregado por el rey Teobaldo I a Adán de Sada.

Tras la conquista de Navarra el castillo pertenecía a María de Azpilcueta, oriunda del Valle de Baztán, casada con Juan de Jaso, cuya familia defendía la independencia del reino. Por este motivo el Cardenal Cisneros ordenó la demolición completa del castillo en 1516, aunque sólo se realizó un desmochando de la parte fuerte del mismo:1

  • Se derribó toda la muralla que lo rodeaba y que estaba guarnecida de almenas y aspilleras.
  • Se rellenó el foso, igualándolo al terreno.
  • Se destruyeron dos grandes portaladas.
  • Se derribaron dos torres redondas.
  • Se demolió el puente levadizo y, dentro de la muralla, el jardín y la morada de los conejos.
  • La torre de Homenaje de San Miguel fue rebajada a la mitad.

Tras sucesivas herencias, la propiedad del castillo, junto con el resto del pueblo de Javier, recayó en la Casa de Villahermosa.

A finales del siglo XIX, el castillo estaba prácticamente en ruinas, y por iniciativa de sus propietarios, María del Carmen de Aragón-Azlor, duquesa de Villahermosa, y su marido José Manuel de Goyeneche, conde de Guaqui, se comenzaron las obras de restauración.

El repentino fallecimiento sin descendencia del conde de Guaqui en 1893 hizo peligrar la continuación de las obras por falta de fondos. Sin embargo, los hermanos del conde, el marqués de Villafuerte, las duquesas de Goyeneche y Gamio y don José Sebastián de Goyeneche, mediante escrituras notariales otorgadas el 30 de abril de 1894 y 9 de marzo de 1895 acordaron reconocer a la duquesa de Villahermosa el usufructo vitalicio de toda la herencia de su marido para así poder hacer frente a los gastos de las obras ya iniciadas. Dada la envergadura de estas obras, todos los hermanos del conde de Guaqui también participaron con sus propios fondos en la restauración del castillo, edificación de una basílica adosada a él y la construcción de viviendas para sacerdotes y casas de ejercicios.

Ya a principios del siglo XX, la duquesa de Villahermosa donó el castillo y la basílica a la Compañía de Jesús con la condición de que lo mantuviera tal y como se le entregó. En la cripta de la basílica descansan los restos de quienes contribuyeron a la reconstrucción del castillo y erección de la basílica: la duquesa de Villahermosa, su marido José Manuel de Goyeneche (conde de Guaqui) y los hermanos María Josefa (duquesa de Goyeneche), Carmen (duquesa de Gamio) y José Sebastián de Goyeneche y Gamio (fundador de la Fundación Goyeneche).

El Castillo de Javier es el destino de una multitudinaria peregrinación a principios de marzo, en honor del santo patrón de Navarra, llamada popularmente Javierada.